Haciendohora

Crónicas de viajes de aventureros insaciables

Río de Janeiro se tiñe de azul

Por Cristopher Antúnez Silva

Viajar al extranjero siguiendo al equipo de tus amores encierra objetivamente dos de los placeres más intensos que la vida nos puede entregar. En efecto: viajar y estar junto a tu cuadro en un partido internacional. Este año he tenido la posibilidad de acompañar a Universidad de Chile a Cochabamba (Bolivia), Cali (Colombia), Porto Alegre (Brasil) y el destino quiso que se me cumpliera un gran sueño: ver a la “U” en el mítico estadio Maracaná en Río de Janeiro.

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Río es una de las ciudades más lindas que he conocido, puesto tiene unos paisajes maravillosos con imponentes playas como Copacabana, Ipanema y Barra de Tijuca, así como imponentes monumentos naturales como el Pan de Azúcar o la laguna Rodrigo de Freitas. Ni qué decir del majestuoso Cristo en el Corcovado. Esta ciudad, que tiene 11 millones de habitantes y será la próxima sede del Mundial de Fútbol de 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016, abrió sus puertas para que varios bullangueros (nombre con que se le denomina a los hinchas de la “U”) llegaran a la capital de la samba. Y aunque las noticias eran alarmantes en el sentido de que la guerra entre narcotraficantes tenía aterrada a la población carioca, aquello no fue obstáculo para que en definitiva las banderas azules flamearan la noche del jueves en el coloso brasileño.

La U se hospedó en un lujoso hotel, al final de Ipanema, en el barrio de Leblón, justo antes de llegar a la hermosa Barra de Tijuca. Mientras me dirigía al Maracaná, pude comprobar que cerca de 100 hinchas azules se habían tomado la conocida playa de Copacabana y muchos miraban atónitos la belleza del lugar y, por supuesto, la hermosura de las brasileñas, que no tienen empacho alguno en modelar sus esculturales cuerpos. Saliendo de Copa nos adentramos en el túnel Santa Bárbara, donde se encuentran las playas de Botafogo y Flamengo, esta última conocida por sus múltiples yates y lanchas. Al rato dejamos atrás las playas y nos metimos al centro de Río, donde la avenida Presidente Vargas vendría a ser nuestra Alameda, claro que acá se ve mucha más congestión y el termómetro indicaba 31 grados.

El Maracaná es imponente. Su capacidad inicial fue de 200.000 espectadores, pero con la última reforma quedó habilitado para 85.000 ¿Cuántas fiestas del fútbol se vivieron ahí? ¿Cuántos malos ratos para los equipos chilenos y en especial un momento que marcó nuestra generación como fue el corte de Roberto Rojas hace 20 años?

Saltan los 11 hombres vestidos de azul al ruedo carioca. La sensación es la misma que si estuviéramos en el Estadio Nacional. Si estamos acá es por que seguimos esa camiseta donde sea, no importando qué jugador la vista y en este sentido el escenario, como dije anteriormente, da por 90 minutos exactamente lo mismo. Los cariocas viven el fútbol de una manera diferente a todos los demás latinoamericanos, y la samba está presente en sus galerías. Aunque sus equipos no ganen, ellos bailan, beben cerveza y gozan por el sólo hecho de ser cariocas (hay un dicho que dice que en Brasil los paulistas trabajan para que los cariocas se diviertan). Pero nosotros somos diferentes y el nivel de stress y angustia se aceleran y suben irremediablemente luego de un doloroso 0-2 abajo, pero ni yo ni los otros 200 hinchas acérrimos de la “U” teníamos posibilidad alguna de no creer en el equipo y de no alentarlo, y gracias a los goles de Montillo y Olivera podemos decir que nuestra estadía en el Maracaná concluyó de una manera extraordinaria. Faltó poco quizás para concretar un “Maracanazo”, pero remontar un resultado adverso en el extranjero y más en Brasil nunca será fácil, así que la noche carioca se abrió para festejar…

La primera parada es un rodizio en Copacabana, donde los palmitos, camarones apanados y carnes a la espada hacen recuperar todos los kilos perdidos con tanto nerviosismo. Hay que aclarar que los palmitos en Brasil parecen casi troncos y no tienen el valor que poseen en Chile, por lo que comerlos a destajo puede convertirse en un placer culpable, así como los exquisitos camarones en todas sus preparaciones, para finalizar la exquisita fruta como piñas, papayas, mangos, sandías y melones. Todo acompañado de 28 grados que lógicamente sólo hacían que la sed aumentara.

La diversión nocturna en Río es tan abundante como las mujeres bellas, y el lugar elegido es un tradicional barrio llamado “Lapa”, un barrio bohemio ubicado en el centro de la ciudad muy parecido al San Telmo bonaerense y un poco a nuestro Bellavista. En Lapa son muy famosos los arcos donde pasa el bondinho que lleva a la gente desde Santa Teresa hacía el centro. El barrio tiene una gama de ofertas etílicas y de baile, con muchas mesas en la calle y recitales al aire libre. El carioca, como dije anteriormente, es muy alegre y eso queda demostrado como bailan y se divierten y hacen que los chilenos un poco mas tímidos y retraídos se contagien de sus ritmos y conductas, para concluir la noche al ritmo del axe. Rio de Janeiro parece ser un sueño, pero no lo es…Yo estuve ahí, en el 2 a 2 entre la U y Fluminense. Y es real.

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CRISTOPHER ANTUNEZ: Ante todo, fanático de la U. Trabaja “un poquito” en la tienda el 10, “porque el trabajo duro lo hacen otros”. Seguidor de Puzo y la Bersuit, camina como uno más tanto en Buenos Aires como en Río. Una de sus citas favoritas es: “La amistad lo es todo. La amistad vale más que el talento. Vale más que el gobierno. La amistad vale tanto como la familia. Nunca lo olvides”.

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    1 comment

    One Reply

    1. Fernando Rastazul Canales Oct 26th 2009

      Muy bueno el artículo Cristopher, sin duda todo tiene que haber parecido un sueño allá en Brasil, los hermosos paisajes, las mujeres, el gigantezco e imponente Maracaná, y nuestra Universidad de Chile, empatando un partido que parecía perdido, pero no, ahí estaban nuestros leones sacando la cara por Chile, para hacer historia una vez mas en Brasil y estaban nuestros Camaradas, poniendo el aguante de siempre para revertir los resultados.

      Saludos, Rastazul.


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