Haciendohora

Crónicas de viajes de aventureros insaciables

Gatton, Vida en Caravana

Por Pamela Ramírez

A oscuras y cansadas, mis amigas y yo llegamos a Gatton (Australia) con la esperanza de mejorar nuestro magro panorama laboral. Dos días antes, habíamos agarrado nuestras pocas pilchas, saltado a la Van y, pisando el acelerador, nos fuimos dispuestas a vivir la libertad que la carretera nos brindaba.

En un fin de semana cruzamos hacia el estado de Queensland o “The Sunshine Estate”, famoso por sus bellas playas turísticas donde el espíritu surf se vive en pleno y por la verde y frondosa vegetación que reina en sus paisajes. Al oeste y a una hora de la costa, entramos al anochecer de Gatton, sin trabajo, sin lugar para dormir, pero con muchas expectativas de lo que vendría.

Como todos los mochileros o “backpackers” que llegan a la ciudad, terminamos golpeando en la puerta del Caravan Park, una especie de camping conformado por numerosas casas rodantes que terminaron sus días de caminos y curvas, para jubilarse como prácticos hogares para viajeros de paso o solitarios empedernidos. Estos parques de caravans, es posible encontrarlos en la mayoría de los pueblos de Australia, como una opción un poco más económica que un hostal, sobretodo si el viaje lo estás haciendo con más personas.

Gatton está ubicado en el Locklyer Valley, una zona rica en el cultivo de vegetales varios, por lo que durante casi todo el año las granjas reciben a los aventureros dispuestos a cortar coliflores, brócolis, cebollas, lechugas y otras hierbas. Con ellos, esta quieta ciudad crece y se anima, sus pacíficas calles notan el colorido de la diferencia de los rostros provenientes de distintos países y se nutre de las ganas de estos foráneos de seguir recorriendo el extenso territorio que es Australia.

Conocer Gatton no toma mucho tiempo, luego de una corta caminata es posible llegar a la única calle principal de Gatton, donde se aglutina toda la actividad comercial y social. Inevitable para nuestros corazones consumistas, fue ir a vitrinear en los Op Shops, tiendas de ropa usada y chucherías varias, generalmente asociadas a la caridad, como las del Ejército de Salvación o la Cruz Roja. Definitivamente la mejor alternativa para un backpacker que no quiere alarmar a su bolsillo ni estar fuera de onda, con prendas con olor a naftalina que hace rato dejaron las vitrinas de las grandes tiendas.

Luego de un par de días logramos ser fuerza de trabajo en una granja orgánica, cosechando tomates y zapallos, así como desmalezando a mano un enorme campo de zanahorias. Gracias a nuestra nueva pega, obtenemos un saldo de vegetales que convertimos en un preciado bien de cambio en el Caravan Park. Así, retomando las usanzas de antiguos antepasados, hemos incorporado el trueque a nuestros días, una suerte de microtráfico de verduras que a la vez, permite establecer nexos con tus vecinos.

Irlandeses, franceses, coreanos, estonianos, indios, sudaneses, por nombrar algunos y en medio unos chilenos. Todos de distintos lados, culturas, costumbres e idiomas, pero aquí todos estamos en las mismas, trabajando duro y ahorrando lo más posible para seguir viajando. No solo de trabajo se puede vivir eso sí, por lo que el fin de semana el carrete multicultural se vuelve la liberación, de la mano de un vaso de Goon, una caja que contiene una bolsa de 4 litros del peor vino de la historia, pero el más barato para los mochileros. Así, a medida que se aprieta la bolsa, se tejen y cuentan historias en Gatton, salen vidas pasadas y futuras, las formas de decir salud o groserías en todos los idiomas, se baila y se canta hasta que el efecto del alcohol lo permita.

Tengo unas amigas taiwanesas que al presentarse usan nombres occidentales, pues según ellas nadie es capaz de memorizar su nombre real en chino mandarín. Con un poco de voluntad no cuesta pronunciarlos, pero ellas, prefieren vivir en Australia con los nombres artísticos que su profesora de inglés les otorgó casi por gracia divina. Así, en la burbuja anglo, es como conozco a la Elsa, la Lily y la Lucky, que vienen de Taiwán pero se presentan en envase occidental. De todas formas, ellas se ríen y cambian de identidad si el nombre que les escogieron no les satisface. Lily ya ha sido Linda y Julie en ocasiones previas, mientras que Elsa está disconforme con su nombre pero lo prefiere a Tina y Joy, sus personajes anteriores.

Con historias como éstas pasamos los días en caravana, tratando de ponerse de la mejor forma la chaqueta de embajadoras en este juego de naciones errabundas. Eso sí, hasta hoy, aún no se me ocurre qué nombre artístico usar si el mío ya no me convence tanto.
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EL AUTOR RECOMIENDA: Visitar los entretenidos Op Shop, donde además de ropa, pueden encontrarse utensilios de cocina, sábanas, accesorios, libros y mucho más para el comprador compulsivo de bolsillo apretado. También visitar cada miércoles la Iglesia Bautista de Gatton, donde regalan ricas hamburguesas caseras sin sermón de por medio.

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PAMELA RAMIREZ: Periodista de oficio, melómana por obsesión, provinciana y metropolitana de corazón. Actualmente pasa sus días buscando su destino como viajera por Australia, hasta encontrar un nuevo rumbo donde partir a sacar la vuelta. Escribe regularmente en su blog Provincianaymetropolitana

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