Haciendohora

Crónicas de viajes de aventureros insaciables

Nimbin y la hierba prometida

Por Pamela Ramírez

No sé si provoqué en mí un sugestionado efecto de marihuana o simplemente me dejé envolver por el relajado ambiente que reina en todos los rincones de Nimbin. Apartada de mis amigos de viaje, por largo rato me quedé pegada frente a unos músicos callejeros que improvisaban un blues con olor a hierba. Repentinamente, el guitarrista abandonó de sorpresa sus acordes y me preguntó con acento conocido ¿What country are you from?

Al acercarme le digo que Chile y noto que le faltan un par de dientes en su hablar que cada vez se me hizo más familiar. Pronto derribamos la barrera del lenguaje y el extraño de rastas adoptó el acento chileno en su máxima expresión, mezclado con el pausado pronunciar de quien vive hace tanto tiempo en Nimbin, en el estado de New South Welles, conocida por ser la ciudad de la marihuana.

Mi nuevo amigo se presentó como Cristian, un porteño oriundo de Valparaíso que desde hace treinta años básicamente es ciudadano del mundo, pues tiene residencia en varios lados como Francia y España, además de un poco más de veinte años de vida en tierras australianas.

Dentro de este país se ha movido por todos lados, pero siempre vuelve a Nimbin donde vive en comunidad con otros que como él prefieren el libre estilo de vida hippie. Sentado en un banco donde toca su guitarra, Cristian observa el pasar de los miles de turistas que llegan a las coloridas tiendas en busca de todo tipo de souvenires que rinden culto a la cannabis: poleras, billeteras, pipas y todo lo que uno se pueda imaginar con respecto a la famosa hojita verde. El mercado puede funcionar en divertidas formas.

Tal como en Amsterdam, existen cafeterías que ofrecen en su menú una fumada a sus felices visitantes. También se puede visitar un museo lleno de fetiches sesenteros, además de una galería de arte que muestra el trabajo de los artistas del lugar.

Mientras los visitantes consumen, los lugareños observan pasivos desde su volada existencia, algunos más indiferentes y otros como Cristian, dispuestos a contar un poco más de qué se trata este pequeño oasis con olor a paz y amor. Y por supuesto, existen en cada esquina los que te ofrecen comprar hierba a buen precio. Sigilosos, murmuran al comprador de paso un rápido “Do you wanna try”, ante los ojos de las cámaras de vigilancia que la policía instaló en varios de sus sicodélicos rincones.

En las paredes de Nimbin reza el código de conducta a seguir, una actitud que respeta a los demás, rechaza la violencia y defiende los derechos del autoconsumo responsable. Este grito de lucha se expresa por todas partes, pero según Cristian en la práctica lo viven sólo los pocos habitantes del lugar. Quienes vienen a este pueblo dicen estar de acuerdo con la despenalización de la marihuana, pero la emoción dura hasta que obtienen su polera de recuerdo y se van con su bolsita de hierba que pueden fumar en la comodidad de su hogar.

Poco a poco, ante los ojos de Cristian, al final del día Nimbin se convierte en una lucrativa atracción turística, más que el preciado centro de una lucha social. Nosotros nos despedimos, cansados de tanto estímulo visual y aromático, dejando atrás el pueblo de tonos tornasoles, manifestaciones artísticas y con las ganas de ser algo más grande y épico, como el placentero efecto luego de una intensa piteada.
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EL AUTOR RECOMIENDA: Mezclarse entre los personajes, vendedores ambulantes y manifestaciones callejeras de la calle principal de Nimbin, antes de sucumbir al llamado consumista en las pintorescas tiendas “Todo Cannabis”.

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PAMELA RAMIREZ: Periodista de oficio, melómana por obsesión, provinciana y metropolitana de corazón. Actualmente pasa sus días buscando su destino como viajera por Australia, hasta encontrar un nuevo rumbo donde partir a sacar la vuelta. Escribe regularmente en su blog Provincianaymetropolitana

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    Publicado en De Viaje.

    1 comment

    One Reply

    1. Jaime Dic 6th 2009

      fumada que me huele a libertad


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