El verdadero masaje tailandés
Por Ricardo Hurtubia

Había sido un día duro en Luang Prabang, Laos. Comenzamos levantándonos a las 6 de la mañana para ver la procesión de monjes budistas que recorren las calles recibiendo ofrendas de los creyentes y de los turistas con síndrome de “quiero ser budista” (miles). Después de un desayuno consistente de café y baguetes (Laos fue alguna vez un protectorado francés y la baguete fue, al parecer, su único legado) partimos a recorrer los valles al otro lado del Mekong en mountain bike.

El plan era recorrer 40 kilómetros en el Laos rural, alejado de los típicos recorridos turísticos, pasando por pequeños pueblos donde ver a un “occidental” no es algo común. El día comenzó relativamente fresco y nublado, pero el constante sube y baja del camino nos tenía bien cansados a los pocos kilómetros. Cerca del medio día el cielo se abrió y un sol fulminante, sumado a la humedad del ambiente, nos recordaba por qué es buena idea visitar el sudeste asiático en “invierno”, cuando hay 30 y no 40 grados a la sombra. De todas maneras el esfuerzo se veía compensado por los niños que, al vernos pasar, corrían a la orilla del camino para gritarnos “sabay-dee” (algo así como “hola” o “buenos días” en laosiano). Después de unos 5 pueblos y unos 500 “sabay-dees” llegamos al fin de nuestro recorrido, donde tomamos un bote que nos llevó de regreso a Luang Prabang.
Luego de devolver las bicicletas y disfrutar de una gloriosamente fría “Beer Lao”, el esfuerzo físico y los años (que no pasan en vano) empezaron a pasar la cuenta. Entonces se nos ocurrió la solución perfecta: masaje tailandés (se llama así aunque estés en Laos) para relajar los adoloridos músculos… todo por la módica suma de 5 dólares la hora.

A lo largo del viaje había notado que las personas del sudeste asiático (al menos los tailandeses, camboyanos y laosianos) manejan altísimos estándares de higiene personal. De hecho en todo el viaje los únicos olores “fuertes” que sentí (sin contar la comida) provenían de europeos que, vaya a saber uno por qué, encuentran que usar desodorante está pasado de moda. Tomando esto en cuenta partí a ducharme antes del masaje, para no ofender el olfato de nadie.

Llegamos al local de los masajes y una laosiana sonriente y menudita me hizo pasar a una pieza donde, con señas, me indicó que me recostara en una colchoneta. Debo decir que nunca antes me había dado un masaje de ningún tipo, así que no sabía que esperar. El masaje comienza por los pies y me empiezo a relajar cuando, pasado menos de un minuto, mi “terapeuta” me pregunta:
-Do you like wong massage?
-Yo: Esteeee… What?
-Ella: wong massage, wong… Do you like wong massage?
Me quedé pensando por algunos segundos: ¿Qué será el wong massage? ¿Será algo de tono sexual?… no creo, el local se veía “decente”. No puede ser algo malo, me dije, mal que mal se me nota que soy turista pajarón y no me van a ofrecer nada muy rebuscado. “OK” dije entonces y acto seguido la laosiana menudita sale de la pieza para ser reemplazada, un par de minutos más tarde, por una laosiana bien maceteada, tan ancha como alta, que me dice: “wong massage for you sir?”. Ahí me cae la teja: “wong” es “strong” en el dialecto lao-english. Como no quería ser de esos clientes mañosos tragué saliva y con cara de pollo que va al matadero dije “ok”. Comienza el masaje-tortura en las manos de esta especie de aplanadora asiática que me estruja y me estira como muñeco de trapo. Después de un rato aprendo a disfrutarlo aunque a veces salto de terror cuando las vertebras o lo huesos crujen. Luego de una hora de una mezcla intermitente de dolor y placer me levanto ( a duras penas), pago, doy las gracias y me voy directo al hostal para dormir como tronco.

Al día siguiente me despierto con cero dolor, el “wong massage” había sido efectivo… Comenzamos los preparativos para tomar un bote que nos llevaría rio arriba por el Mekong de regreso a Tailandia. Una travesía de dos días sentados en asientos de palo que seguramente requeriría de nuevas sesiones de masaje… pero esta vez “not wong, thank you very much”.

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RICARDO HURTUBIA: Es chileno pero, por ahora, vive en Lausanne, Suiza, donde realiza estudios de doctorado. Sus intereses son variados pero no es experto en nada: escritor frustrado, intento de fotógrafo y músico amateur. Escribe habitualmente en su blog y publica sus fotos en flickr. Es Ingeniero de la U.de Chile.
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Etiquetas:Laos, Luang Prabang

Excelente relato!!! la verdad es que está bueno probar todos los tipos de masajes por esos lados… ya que hay de muchas formas, presiones, posiociones… pero al final, sea como sea, uno termina renovado.
Buenas las fotos también.
Abrazo
Jajaja! compadre! debo decir que mi experiencia con el tan renombrado masaje tailandés fue similar.
Mi primer acercamiento fue en la ciudad de Chiang Mai, Tailandia, y al igual que tu recibí el “wong” masaje de una chica bastante corpulenta (para los estándares tailandeses). La experiencia es inolvidable por lo dolorosa y lo cosquillosa, la chica me toco en lugares que no sabía que podía sentir cosquillas, me pase las 3/4 partes del masaje riendo!
No satisfecho con esto, decidí probarlo por nuevamente en la ciudad de Bangkok, Tailandia. En esta ocasión, mi masajista fue uno de los famosos “lady boys”, por lo que te imaginaras que de buenas a primeras no estaba tan cómodo con la idea de que me toqueteara. Al rato, me relaje y a decir verdad disfrute mucho del masaje, pues la “chica” era muy suave y delicada conmigo.
Al parecer la intensidad del las presiones es importante para lograr disfrutar de este tipo de actividades. De todos modo, recomiendo 100% probarlo!
Un abrazo
Andrés
PD: Probaste el pasaje con pescados?
Perdón!
¿Probaste el MASAJE con pescados?
Andrés
Jajaja, excelente. Por suerte el “lost in translation” no te salió caro y aprendiste algo, jeje.
Mi pololo también se dio su primera masaje de la vida la semana pasada, al aire libre, mirando un bosque lluvioso en la República Dominicana. Después me contó que a ratos le dolía la presión del masaje pero que no había dicho nada. ¿Por qué serán así tan calladitos ustedes, eh?
Jaja. En todo caso, bienvenido al mundo de los verdaderos placeres terrenales. Ahora anda a hacerte una pedicure!
@Andru: La verdad me quedé con la duda respecto a otras “posiciones”, después de esta experiencia me volvi conservador en términos masajísticos.
@Andrés: La verdad yo prefiero al tanque-aplanadora que al “lady-boy”… admiro en todo caso tu “valentía”. El fish-massage tambien lo probé… pero ese si que da cosquillas
@Isabel: ciertamente es una novedad para mi esto de dejarse “toquetear” en plan hedonista. Segunda vez que alguien me comenta lo la pedicure… tendré que probarlo.
saludos!!
que entretenido e interesante tu relato, en realidad es una experiencia que hay que probar.
Las fotos y el paseo en bici , muuuuuy buenos.
Que buena historia e increíble el paseo en bicicleta por esos lugares, además necesito un Wong Massage!
saludos
Que buena mezcla entre deporte y placer, espero algún día sucumbir a las manos de una masajista de por allá, ojalá no tan corpulenta como la del relato.
Me quedé con ganas de más fotos del paseo, veré que encuentro en el flickr…
Qué usas para las fotos submarinas???
Saludos!
Gracias a todos por sus comentarios.
@Gino: para las fotos submarinas uso mi cámara habitual (nada muy sofisticado, una Nikon D80) en un “waterproof case” versión económica. Es algo así como una bolsa ziplock pero con broches adecuados y un habitáculo especial para el lente. Mucho más barato que los case “duros” que generalmente son más caros que la cámara.
Puedes verlos acá:
http://www.dicapac.com/new_eng/02_products/sub03.html#dica
saludos!