Haciendohora

Crónicas de viajes de aventureros insaciables

Pablo y sus hipopótamos en fuga

Por Alejandro Tapia C.

Jairo me dice que pruebe su patacón, el frito a base de plátano más popular de Colombia. Accedo. Gracias, le digo. Con mucho gusto, responde, de manera casi automática. Le comento que apenas pique una trucha, se la echemos encima. Estamos en el embalse de Guatapé, en las afueras de Medellín hasta donde Jairo me ha llevado en su taxi. Pero transcurre un buen rato y no pescamos nada. El patacón ya se lo devoró Jairo, “completico”. Hasta no hace tanto, Guatapé estuvo rodeada por las FARC y pocos se atrevían a entrar ahí. Ahora el pueblo, famoso por sus coloridas fachadas, aspira a convertirse en un nuevo centro turístico. Para que aquello ocurra falta mucho tiempo.

Le digo a Jairo que me han dado ganas de visitar la Hacienda Nápoles, la residencia de descanso de Pablo Escobar, el narcotraficante más famoso de Colombia y también del planeta. No hubo nadie como él. “Pablo llegó a amasar tanto dinero que en un momento ya no lo contaba, sino que lo pesaba”, me cuenta Jairo, antioqueño de tomo y lomo. La casa de Escobar me intriga desde hace mucho. Sé que ahora está convertida en un parque temático, una suerte de pequeña Disneylandia, pero un poco más decadente.

Al taxista paisa (como le dicen a los antioqueños) le entusiasma la idea. Entonces le pregunto por el zoológico que alguna vez tuvo Escobar ahí. En una época, el narco hizo traer de Africa jirafas, elefantes, búfalos, cocodrilos, hienas, leones, hipopótamos y otras bestias para recrear su vista, y también la de sus hijos. Algo así como su propia visión del Edén. Hace poco, Juan Pablo Escobar, hijo del capo, me dijo que aún recordaba los días en que su padre lo paseaba por su Zoo privado, que construyó en 1982. También me contó que aún no olvidaba cuando Pablo le leía “Los Tres Chanchitos”.

Después de la muerte del jefe del cartel de Medellín hubo una larga disputa judicial por la hacienda, hasta que el Estado pasó a controlarla. Tras esa debacle, muchos de esos animales murieron, a otros se los llevaron a zoológicos vecinos y los más astutos se dieron a la fuga.

“Al parecer los únicos que sobrevivieron fueron 23 hipopótamos. Leí que el capo trajo sólo trajo la mitad de esos animales y el restó nació ahí, en Nápoles. Hace un par de años dos hipopótamos se escaparon, causando espanto y alarma en la zona”, me dice Jairo. Al parecer los animales querían una mejor vida. Alvaro Uribe, el Presidente, incluso debió movilizar tropas para dar con el paradero de esos chachos acuáticos, también llamados “caballos de río”. “Los buscaron por Barrancabermeja y el sur del departamento de Bolívar”, acota Jairo.

Algunos afirman que los hipopótamos eran hermanos. En el lugar se dice que se escaparon porque echaban de menos a su amo Pablo; otros especulan con Pablito, un “hipo” macho de cinco toneladas bautizado así porque es tan violento e impredecible como su antiguo dueño. Aquella teoría sostiene que los hermanos se dieron a la fuga porque estaban cansados de que Pablito se tirara a todas las hembras y no les dejara nada a ellos. Pero otras versiones sostiene que los hipopótamos fugados eran en realidad una pareja y que incluso la hipopótama tuvo una cría en la clandestinidad. Durante el escape, la hembra (”Matilda”) habría abandonado a su macho, a quien los lugareños bautizaron como “Pepe”. Pepe tuvo un final trágico, ya que terminó siendo cazado, muerto y humillado. Esa acción generó una ola de indignación popular y muchos se mostraron dispuestos a adoptar a la hipopótama y a su cría, a la que bautizaron como “Hip”.

Para mala suerte de los hipopótamos que sobrevivieron, el gobierno cree que justo detuvieron su viaje cuando llegaron a una zona plagada de minas antipersonales. Jairo piensa que los animales se salvaron y que se transformaron en “intocables”, tal como lo fue Escobar en su época. Entonces le digo que nos apuremos, para ver a los parientes de “Pepe” en acción en la Hacienda Nápoles. Antes de partir vuelve a ofrecerme otro patacón. Con mucho gusto.
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ALEJANDRO TAPIA: Periodista y viajero incansable (aunque ahora dice que está agotado). Le fascina la fotografía y las historias que se contruyen en América Latina. Por el diario La Tercera ha cubierto diversos acontecimientos de la región y ha entrevistado a la mayoría de sus líderes. Ahora piensa en su primer libro de cuentos. Formó parte de la nunca bien recordada expedición K 12. Es autor de Haciendo Hora
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