A punearse a Puno I y II

Por Juan Rodrigo Araya
I
-Nos queda más de la mitad de la plata ¿Qué hacemos?
-No sé poh…
-Otro pisco sour por favor…
-Yo una cuzqueña bien fría chibolo. Me gustó esta palabra “chibolo”
-Jaja… si ta’ buena pero qué hacemos ahora, no nos vamos a ir de vuelta a casa…
Estamos en el bar “KM O”. Subida San Blas, en Cuzco y ya hemos vuelto de Machu Pichu. Cumplimos nuestro objetivo, pero nos sobra más de la mitad de los recursos y no sabemos qué hacer. Las alternativas se nos acaban:
-Vámonos a Ecuador…
-Está muy lejos…
-Entonces a la… ¡Selva!
-Nop… porque no estamos vacunados….
-Pa! Bueno… Bolivia será nuestro destino…
-Yap…!!

Agarramos el mapa y decidimos: Puno, Copacabana y La Paz. Fuimos al terminal y compramos boletos a Puno. Seis horas de viaje. Compramos para las 10 de la noche para estar a las 6 am en el pueblo a las orillas del Titicaca. Sí, los exquisitos piscos peruanos hicieron estragos en nuestros cerebros y nos perdimos 2 horas en nuestro universo paralelo.
Llegamos a las 4 am a Puno y sentí por primera vez en mi vida ese frío que te cala los huesos. Calcetines de lana, buzo, jeans, camiseta, chaleco, polera, chaleco y parka para aguantar el frio. Qué se hace a las 4 am en Puno. No conocíamos nada de nada. Fuimos a la cafetería del terminal. Dos mates de coca y a esperar. Se nos acercaron 4 tipos para ofrecernos alojamiento, pero las dudas a esa hora están a flor de piel. Nos decidimos por un hostal que tenía 4 estrellas… llegamos con temor, pero era un lujo, prendí la estufa y a dormir. Se nos venía un largo y lindo día…
II
-Ya weón vamos a caminar…
-Pará boludo… a dónde vamos…
-A las islas flotantes de los Uros…
-Qué…???!!!
-Ya sígueme…
Salimos a caminar por las calles y sorpresa, me encuentro con el primer y único “maricón arrepentido”. Varios metarrelatos se acabaron con esa imagen… Perú es milagroso pienso.
Llegamos a un muelle y compramos unos tickets para el paseo. Nos llevan en bote. Van unos turistas gringos, unos israelitas y un chileno. ¿Cómo descubrí que era chileno? Por 2 cosas: primero, es el único que no va sentado bien, va con las piernas sobre el respaldar casi echado y segundo, cuando le dijo a un tipo “cachai que voy bien así, no me molestí”. Me río y pienso en las israelíes, lindas, pero locas, todas con preparación militar. Los peruanos nos decían “chibolo cualquier gringa si, pero israelitas no, están crazy man…”.
Llegamos a las islas y son simplemente alucinantes. Primero son artificiales y flotantes, están hechas de totora, pero todo de totora: las casas, la escuela, la iglesia… es como un “Mundo Mágico” de totora… todo es de totora, totora por todos lados… ya he escrito totora 6 veces… es mucho…
Mi amigo de mochileo compra unos recuerdos, yo subo a un mirador hecho con… ¡¡Síiiii, correcto!! De totora (y van siete). Vemos unos botes de totora (van ocho…) y me acuerdo del que quería unir la Isla de Pascua con el Continente y a menos de mitad de camino se le desarmó por completo… mejor venía acá y se compraba un cero milla marítima.
Volvemos a tierra firme. Ya de noche salimos a cenar y a beber. El menú consistió en Cuy a la parrilla. Un roedor, con patas abiertas y cabeza al aire. Exquisito. Mi compañero pidió pollo cocido. Yo leí en el menú Cuy (The Ginea’s pig) y comí. Después para el frío tomé pisco caliente, con leche y coco rallado… y después… después ya estaba durmiendo…
Temprano me levanté. Me bañé y caminé por Puno. Tome un bus y me fui a la parte boliviana del Titicaca: Copacabana. Nos fuimos al hotel más lujoso frente al lago. Menos de 20 dólares por cada uno. Sí, menos de 20 dólares cada uno. Al igual que en Puno lo turístico son unas islas: del Sol y la Luna.
En unas de las islas hay una escalera que tiene más de 200 escalones y a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar eso se siente… entonces, qué hay que hacer. Simple. Vas, te pones al lado de una chica que la encuentres atractiva y le dices “¿Quieres hoja de coca? te sirve para no apunarse” y listo. Nunca falla. Así conocimos a una estadounidense que andaba paseando absolutamente sola, sola, qué tal… ay! El destino… tan lindo y hermoso…
En Copacabana, hay mucho comercio de artesanías y una gran iglesia, hay que ir, porque es la edificación más linda de la zona. Después de estar 2 días en Copacabana y que la plata, aún nos sobraba, decidimos ir a La Paz y el viaje es espectacular. Se sube por la cordillera, se ve el lago a lo lejos y lo más freak es que la carretera se acaba en un momento. Llega a un lago y no hay como seguir por tierra. Suben a todos los pasajeros a un bote en el muelle de San Pedro. Se cruza un lago y se llega a la otra orilla, en el muelle de San Pablo. Lo cómico o lo peculiar de la escena es que al bus también lo suben a un bote de madera y cruza a la otra orilla. Notable. Después de unas horas llegarán a La Paz. Yo buscaré a la estadounidense solitaria en el Hostal Torino y me iré a Barrio Sur… el resto lo dejo a su imaginación.
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JUAN RODRIGO ARAYA: Periodista chileno-uruguayo, autor del libro Simplemente, Don Elías (biografía de Elías Figueroa). Trabajó en El Mercurio en la sección gastronómica y colabora constantemente en Las Últimas Noticias. Condujo la primera temporada de “Gambeteando” en el CDF (Canal del Fútbol). Actualmente escribe su segundo libro y trabaja en Chilevisión. Las historias calientes de su blog Bufonazo son un completo éxito.
Etiquetas:Copacabana, Perú, Puno, Titicaca
